martes, 6 de noviembre de 2007

Sobre la GLOBALIZACION

Un amigo me manda un correo sobre Naomi Klein, para informarme sobre esta opositora a la Globalización y el interés que para él supone.
Esto me da pie para empezar una reflexión acerca de la “globalización”, otro de los tópicos tan interesantes en nuestras conversaciones.
Para aquellos afines políticamente a la izquierda, a la progresía intelectual, que fueron hipíes en su juventud, que son antimilitarista, antiimperialistas, antinorteamericanos, viejos luchadores de la transición a la democracia en España, ecologistas y otros títulos parecidos, el tema de la Globalización les levanta ampollas y les impulsa a la acción por los medios que les son habituales.
En mi caso, apóstata de todos esos “ismos”, “ex” de todo, el tema de la Globalización tampoco me deja indiferente, como tampoco me deja indiferente una tormenta, pero tanto en una como en otra ya no adopto una actitud militante, salvadora, y apostólica, tan sólo la dejo caer. Cuando cae la tormenta lo primero que hago es refugiarme, no maldecir, luego procuro quedarme cerca de la ventana para ver los hermosos rayos y aspirar el olor de tierra mojada. Algunas veces no he podido resistir el impulso y he salido a empaparme al más puro estilo de “Cantando bajo la lluvia”. Algunas veces los rayos me han caído cerca y he sentido terror..
¿Pero que tiene que ver una tormenta con la Globalización?. Las tormentas son fenómenos naturales y la Globalización también lo es. Sé muy bien que esto no es así para muchos, que creen que los seres humanos no somos naturales, sino artificiales, y que lo que provocamos no es natural, sino artificial. Yo creo que están confundidos. Creo que lo único que no es natural en nosotros es que podemos reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones ( pero aún esto no es artificial, es sobrenatural), esto supone que podemos esforzarnos mucho a nivel personal en contra de nuestra propia naturaleza, y precisamente por lo mismo no podemos forzar la naturaleza de los demás. De ahí que conseguir cambiar el sentido de los acontecimientos sea un anhelo muy humano, pero estéril, y aun me atrevo a decir en algunos casos pernicioso.
Para cualquiera que ha estudiado la Historia de la Humanidad desde un punto de vista holístico (Ver por ejemplo: Los conquistadores del Horizonte. Una historia mundial de la exploración (2006) Felipe Fernández Armesto), la Globalización es necesariamente la consecuencia de vivir en un planeta que se nos está quedando pequeño, que, tras el primer impulso de expansión que nos alejaba y diferenciaba a unos de otros en épocas remotas, vuelve ahora para permitirnos reencontrarnos y compartir nuestras diferentes evoluciones y mejorarnos con el mestizaje.
Con eso no quiero decir que estoy a favor de la Globalización, tampoco en contra, como con la tormenta, trato de ser positivo y pensar en el bien que puede hacer esa agua derramada, a pesar de los incendios de los rayos y de las avalanchas y avenidas que provoque. Creo que es mi obligación entender las oportunidades que esa situación me ofrece y crecer con ellas. “Nunca llueve a gusto de todos”.”Después de la tempestad llega la calma”.
Por otro lado, sobre los movimientos Anti-Globalización, ¿Qué puedo decir?. Los que allí están eran mis hermanos, mis mejores amigos, los más sinceros, los más honestos, los más combativos, los más generosos...¿Cómo puedo decir que están equivocados?. No puedo, sencillamente. Aunque sea una contradicción paradójica no creo que estén más equivocados de lo que yo puedo estar (ni menos), creo que hacen caso a su corazón y a su conciencia y actúan en consecuencia, lo que para mí es digno del mayor de los respetos. Pero así como los jóvenes llenos de ardor patriótico se alistaban en época de guerra para entregar sus vidas (y llevarse por delante todos los enemigos que pudieran), así me parece que obran los activistas de estos movimientos altruistas. Ya no puedo entender que para hacer el bien a la Humanidad tenga que oponerme a una parte de ella, por muy en desacuerdo que estén conmigo.
Tal vez sea una nostalgia de mi infancia, pero entonces soñábamos con la conquista del espacio, tal vez era una carrera para demostrar el poder de los dos bloques de la Guerra fría, pero para los que éramos ingenuas criaturas, nuestra imaginación nos abría la puerta de maravillosas civilizaciones interplanetarias. Para nosotros el mundo no era pequeño y sucio, como una barriada de vecinos, que es como lo ven ahora muchos Anti-Globalización, sino inmenso, inalcanzable, limpio, esperando virginal recibir la huella de la bota del astronauta. Esa huella en la Luna no es el desecho indeseable del contaminador, es la presencia de otros seres como nosotros con los que compartir, es la huella que alivió la soledad de Robinson Crusoe.
Muchas veces se han usado las reflexiones de los astronautas al ver a la Tierra desde su órbita para describir lo pequeño y frágil que era nuestro planeta, al parecer nuestro único hogar posible. Al verlo así lo empequeñecieron aún más. ¿Por qué no miraron hacia los otros planetas, las estrellas, y las otras galaxias? ¿Por qué se apoderó de ellos la nostalgia y el miedo, ellos que tan valerosamente habían arrostrado los peligros de llegar hasta allí?. No sé muy bien por qué dejamos de perseguir ese sueño sideral y empezamos a ver como podíamos acomodarnos en nuestro pequeño planeta, pero si sé que lo mismo que un día fuimos “Los conquistadores del Horizonte”, otro día lo volveremos a ser, entonces La Globalización nos parecerá necesaria, como ahora nos lo parece La Diáspora previa que tanta diversidad cultural ha originado y que los anti-globalización se empeñan en conservar contra viento y marea.

1 comentario:

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